Recetas para empezar el año con buen pie

 

Europa tiene un problema de salud que anualmente cuesta a las empresas 20.000 millones de euros. Este problema supone un grave impacto para la productividad de las empresas y es responsable de un gran número de condiciones clínicas adversas.

Como muchos de ustedes habrán notado, nos referimos al estrés, un problema mucho más serio de lo que podemos pensar y que ya ha escalado hasta la segunda posición de dolencias en la Unión Europea.

Nos ha costado mucho tiempo darnos cuenta de la verdadera dimensión de este problema debido a sus múltiples manifestaciones. El estrés es el principal componente de algunos cuadros que sí estamos habituados a escuchar cotidianamente: El síndrome del burnout, el mobbing o incluso el karoshi, etc. no dejan de ser terminologías más o menos sofisticadas para situaciones de estrés.

Nuestro cuerpo es una máquina muy bien engranada que puede extraer el máximo de su potencia en determinadas condiciones. En un incendio, en una situación de riesgo físico, cuando nuestros familiares corren peligro o ante cualquier situación amenazante nuestro organismo reacciona para ofrecer ese plus necesario que nos permita salir sanos de ese riesgo. Sin embargo, en estas situaciones, nuestro organismo da todo lo que tiene, actúa por encima de sus posibilidades de regeneración y, por tanto, entra en una dinámica insostenible. Cuando este exceso de activación se produce de una forma continuada empiezan a aparecer los problemas. Evidentemente, el problema no es esta respuesta, sino que estemos ante una respuesta física y emocional que no se adapta a la situación real y que acaba llevando a nuestro organismo a una situación insostenible.

Como hemos dicho, el estrés aparece cuando nuestro cuerpo y nuestra mente están actuando por encima de sus posibilidades y cuando ese exceso de activación que sufren no se recuperan de una forma adecuada. Imagine vivir todos los días con las mismas pulsaciones por minuto que tendría si estuviera apagando un incendio, con la misma angustia que si sus seres queridos se encontraran en peligro o con el pánico que siempre lleva asociado sentirse vulnerable. Así es como se vive el estrés y así es como se está viviendo en miles de empresas de toda Europa.

Algunos cuadros se han hecho habituales. Es el caso del síndrome del burnout o el mobbing. El primero está especialmente presente en el sector sanitario, entre los periodistas y entre los educadores y consiste en el agotamiento emocional de los trabajadores que les lleva a crear una reacción de alejamiento emocional de sus usuarios. En el mobbing –o acoso psicológico- existe un empleado que se convierte en el origen de un ataque total hacia todas y cada una de las conductas de su víctima. Como consecuencia de esta política de acoso y derribo, la víctima del mobbing puede llegar a ver como se derrumba su autoestima, constituyendo un auténtico problema que va más allá de la empresa. Sin embargo, hay otros cuadros relacionados con el estrés que son mucho menos conocidos y cuya gravedad puede llevar incluso hasta la muerte. Es el caso del karoshi o muerte por exceso de trabajo.

Sin llegar a estos extremos, el estrés está presente en nuestra vida cotidiana y hay momentos en los que somos especialmente vulnerables, como después del verano o durante la época navideña. El incremento de actividad, la pérdida de las rutinas y la incertidumbre que estas llevan asociadas, unidas a los problemas de tráfico, la falta de tiempo libre y las múltiples tareas que se llevan a cabo, suponen un buen caldo de cultivo para que esas fechas sea proclives para la aparición de síntomas de estrés.

Pero no se apure, hay muchas formas de luchar contra el estrés y algunas de ellas tienen que ver con crear un clima distendido en el trabajo, con programar descansos para nuestros empleados, con tirar de la agenda para conseguir esa operatividad que tanta falta nos hace y fundamentalmente pensar porqué estamos haciendo todo eso. Estamos estresados, sí, pero lo estamos por algo y ese algo no puede desaparecer de nuestra memoria. También es importante que tomemos conciencia de nuestras propias limitaciones y que seamos condescendientes con nosotros mismos antes de llegar al límite. Estas no son más que unas recetas de andar por casa para enfrentarnos a la Navidad, una situación que teóricamente tendría que hacernos más felices y que en la práctica se convierte en una fuente inagotable de estrés. Solo un consejo final. La Navidad es para ti y no a la inversa.

Disfruta, ríe, pásalo bien, comparte y olvídate del reloj. Hasta que tengamos miles de pajes o un trineo con renos voladores no nos queda otra que hacer las cosas de una en una y priorizando. Se feliz y vive el momento, también en Navidad.

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