El ser humano, el gran olvidado en la gestión empresarial

Con los datos en la mano podríamos pensar que un artículo sobre gestión de recursos humanos tendría que ir más enfocado al despido, el incremento de las cifras de desempleo, la crisis económica o un análisis sobre el tejido productivo español. En lugar de ello, nos vamos a centrar en algunos aspectos que tienen una importancia crucial para superar la nube negra y comenzar un proceso de desarrollo continuado de la organización.

En la última década hemos asistido a una pérdida de poder adquisitivo de los empleados y esto se debe a la nula preocupación por hacer las cosas bien, por diferenciarse, por disminuir los riesgos y por aprender a trabajar mejor. En lugar de ello, muchas empresas se han dedicado a nadar a favor de corriente, ganando dinero por castigo y con un desprecio casi absoluto por el talento. No en vano estamos en un país que figura en los últimos puestos a nivel mundial en el retorno de la inversión universitaria a la sociedad. En nuestras empresas encajan bien los informáticos, los licenciados en derecho, los contables y los ingenieros, pero los profesionales del mundo de las humanidades y el resto de las ciencias sociales son ninguneados en el mercado de trabajo, convirtiendo el trabajo interdisciplinar en una visión sesgada de la realidad que únicamente contempla el apartado administrativo, financiero y técnico del día a día de la empresa. El lado humano simplemente no cuenta. Es más, cuando cuenta lo hace como coste, como amortización o como resistencia de los empleados ante la adaptación de un sistema.

Ante un planteamiento de desarrollo continuado de la organización es necesario que devolvamos el centro de atención a los trabajadores, que nos fijemos en el talento como auténtico motor de crecimiento y creación de valor. En este sentido, nos importa tanto contar con los mejores, como que estos estén dispuestos a aportar lo mejor de sí mismos para el éxito de la empresa. Además de contar con los trabajadores más habilidosos, necesitaremos también su compromiso y un elevado grado de motivación. Además, tendremos que facilitarles el trabajo, proporcionándoles todas las herramientas necesarias para desarrollar su labor e incluso la formación necesaria para su desarrollo y el de la organización. Por último, hemos de ser capaces de conseguir que él sea consciente que su trabajo sí tiene sentido, que lo que hace es importante para la organización, para su equipo de trabajo y también para él mismo, consiguiendo trasmitir además el plano afectivo de esa labor desarrollada.

Esta labor no es sencilla ya que la adaptación de un trabajador no dependerá tanto de su capacidad técnica, como de su capacidad para adaptarse a una nueva situación; de su habilidad para sobrellevar la tensión, la hipercompetitividad y la presión del puesto; del grado en que pueda manejar los propios niveles de exigencia y de su plasticidad para aprender, tomando prestadas habilidades emocionales que garanticen el resultado óptimo.

Esto entronca directamente con los postulados de Goleman en los que afirma que la inteligencia emocional es la capacidad de las personas para reconocer los propios sentimientos y los de los demás, unida a la capacidad para gestionarlos de una forma positiva. El propio autor agrupa estas capacidades en cinco áreas que define como recepción -lo que podemos incorporar a través de los sentidos-, retención -nuestros recuerdos-, análisis -procesamiento de la información para generar nuevas estrategias-, emisión -trasladar esos planteamientos, incluso cuando este proceso es mental- y control -relacionado con la conciencia de nuestras propias acciones y pensamientos-.

Goleman nos explica que la capacidad intelectual no garantiza el éxito, convirtiéndose únicamente en un factor más dentro del individuo. El éxito o fracaso dependerá de como se articule ese factore con los propios de la inteligencia emocional, siendo esta la que definirá cómo se comporte el individuo en un equipo de trabajo, cómo se relacionará con su entorno, cómo se comunicará, cuál será su capacidad para afrontar nuevas situaciones e incluso cuáles serán sus capacidades de planificación y organización. Dicho de otra forma, el aspecto humano de la empresa, que ha sido ninguneado y obviado sistemáticamente, es la clave para que las organizaciones puedan mirar más allá de la crisis, abandonen la inercia y sean dueñas de su propio futuro.

Una respuesta a El ser humano, el gran olvidado en la gestión empresarial

  1. sara dice:

    comparto sus ideas acerca de que lo mas importante es la satisfaccion personal dentro del ambiente en el que se labora y veo que a pesar de que estamos en diferentes latitudes y paises la poca valoracion y apreciacion que se le tiene al trabajador a pesar de ser eficiente y tratar de superarse dia a dia a traves de cursos y capacitaciones es la misma muy lamentable esperemos que algun dia cambie aunque paresca un poco efimero ese pensamiento una lectora peruana y obstetriz de carrera

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