Una vuelta al trabajo sin estrés postvacacional

¡Pues vaya unas vacaciones!. Nos pasamos las semanas previas con ansiedad ante la llegada del descanso estival y los primeros días de asueto intentando adaptarnos a no tener horarios. Y ahora, cuando apenas han pasado quince días ya tenemos que empezar a prepararnos para no sufrir el estrés postvacacional.

Lo cierto es que dentro de un par de semanas el famoso síndrome de estrés postvacacional estará en todos los medios de comunicación, pero posiblemente ya sea tarde para ponerle remedio. Todos los que disfrutamos de unos días de merecido descanso, e incluso aquellos que ya disfrutaron de las vacaciones en julio se van a encontrar inmersos en una situación extraña y amenazante. Septiembre siempre empieza con fuerza, los niños vuelven al cole y el tráfico se convierte en una auténtica pesadilla… Eso sin contar con el calor que seguirá haciendo y la falta de rutinas que siempre nos ayudan a sobrellevar esta situación.

Por ello, como decía el doctor Sánchez Ocaña “más vale prevenir”, y por ello hemos de empezar ahora a poner de nuestra parte para que dentro de un par de semanas no necesitemos pegar el oido a la radio para saber más del síndrome del estrés postvacacional y la forma de remediarlo.

El cuadro del estrés postvacacional aparece durante los primeros días de trabajo ante el incremento de actividad y quehaceres diarios que durante las vacaciones permanecen aparcados. El estrés aparece como una forma de adaptación ante un cambio brusco y por ello, para evitarlo, hay que empezar a cambiar para que ese choque entre la calma de las vacaciones y el frenesí del trabajo no lo acabe pagando nuestra salud mental y física.

Las distintas investigaciones realizadas sobre este fenómeno ponen de manifiesto que el síndrome de estrés postvacacional está provocado por una mezcla de factores internos y externos. Ente los primeros se encuentran la insatisfacción con el trabajo realizado o la manifestación de problemas personales que se hacen patentes en un período de readaptación. Como factores externos podíamos citar una inadecuada planificación de las vacaciones o incluso un ambiente laboral marcado por la falta de rutinas, la improvisación o el exceso de responsabilidad.

Fatiga, cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse, nauseas, insomnio, sentimiento de tristeza, sudoración excesiva o problemas estomacales son algunos de los síntomas que suelen presentarse durante las dos primeras semanas de septiembre. Quizá un precio muy alto por no poner en práctica unas sencillas recetas para que “la vuelta al cole sea lo menos traumática posible”.

Para mitigar los efectos de este temido síndrome que año tras año empaña el mes de septiembre, existen una serie de recetas que si bien no son la panacea universal, sí pueden ayudarnos a que el síndrome no esté presente. Entre estas podemos destacar por encima de todas la adaptación progresiva al puesto de trabajo. Por desgracia en nuestro país persiste la tendencia a querer aprovechar hasta el último minuto de las vacaciones al cien por cien. Mucho mejor nos iría si desde hoy comenzáramos a mentalizarnos y adaptarnos a la nueva situación. Volver de las vacaciones con suficiente antelación para facilitar esta adaptación, recobrar el uso del reloj y los horarios de trabajo son prácticas que pueden ayudar.

Nuestra dieta y los horarios también son importantes para vencer a ese síndrome que puede ponernos contra las cuerdas. Durante los primeros días de trabajo nada de café, tampoco té o productos con cafeína. En vez de ello podemos sustituir todos estos líquidos nocivos para nuestro sistema nervioso por una generosa cantidad de agua.

Además es crucial que los directores de personal se conciencien de la magnitud del problema y colaboren en que esta readaptación sea lo menos traumática posible. Para ello, los horarios flexibles, la progresión en la carga de tareas y, sobretodo, una visión poco crítica de la realización pueden ayudar.

Otro ámbito de actuación la encontraremos ya incorporados a nuestro puesto. La ayuda inestimable que nos brinda la agenda, esa gran desconocida, puede contribuir a que el caos deje de serlo y nos servirá para planificar nuestra incorporación al trabajo, y lo que quizá es más importante, nos ayudará a extraer ese tiempo libre que ahora tanto echamos de menos. La agenda puede ayudarnos a rescatar las charlas con los amigos, las batallitas del verano y ese comentario jocoso que conseguirá que ese fatídico primer día de trabajo tenga un aspecto completamente diferente.

En esta misma línea de evitar la soledad del escritorio, podemos llevar hasta el piso de arriba ese dossier que en circunstancias normales enviaríamos a través de la Intranet. El pequeño paseo, además de incrementar –aunque sea en escasa cuantía– nuestra actividad física, nos permitirá interaccionar con nuestros compañeros, revivir las vacaciones y sentirnos un poquito mejor… Al fin y al cabo, no es tan malo eso de trabajar.

Entre las cosas positivas que tiene el trabajo se encuentra su capacidad para ayudarnos a crecer intelectual y profesionalmente, y recuerde, eso siempre lo ha valorado usted. ¿Va a dejar que el fin de las vacaciones también acabe con eso?

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